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Revivir móvil 2016: LineageOS vs obsolescencia

Cómo darle una segunda vida a un teléfono antiguo, recuperar su utilidad y demostrar que no siempre necesitamos comprar un dispositivo nuevo.

Samsung J1 Ace del 2016 ¡en 2026!

Hace unos días se rompió la pantalla de mi teléfono principal Oppo a16s, y aunque la reemplacé con mis propias manos, por una muy económica, algo hice mal o vino mal de fábrica que la nueva comenzó a mostrar una mancha que parece estar extendiéndose. Antes de que llegue a cubrir toda la pantalla, se me ocurrió rescatar un viejo Samsung que llevaba años abandonado en un cajón del escritorio. No esperaba demasiado de él: es un dispositivo modesto, con un hardware limitado y un sistema operativo que había quedado obsoleto hacía tiempo. Creí que a lo sumo me serviría para conectarlo un rato y enviar un mensaje de texto SMS. No imaginé que podría usarlo en el día a día ¿o sí?

Luego de cacharrear un rato, los resultados me hicieron reflexionar sobre nuestra dependencia de los dispositivos nuevos y sobre la facilidad con la que aceptamos que un aparato deje de servirnos simplemente porque su software ya no está actualizado.

Un teléfono que parecía condenado al olvido

El sistema operativo original ya no me permitía instalar WhatsApp. Aunque el teléfono seguía encendiendo, muchas de sus posibilidades habían quedado limitadas por la antigüedad del software.

La batería tampoco parecía estar en buen estado: apenas duraba unos minutos. Todo apuntaba a que aquel Samsung había llegado al final de su vida útil.

Pero ¿realmente era así? ¿O era el software el que estaba convirtiendo un dispositivo todavía funcional en un objeto aparentemente inservible?

Armado de paciencia, decidí probar una alternativa: instalar LineageOS 14.1, un sistema operativo libre y de código abierto, en concreto el port comunitario LineageOS_14.1_SM-J111F que funciona con este modelo de Samsung (J1 Ace SM-J111F).

No era una solución mágica ni iba a convertir aquel teléfono en un dispositivo moderno. Sin embargo, había leído en foros que tal vez podría devolverle algunas de las funciones que había perdido y permitirme comprobar hasta dónde era posible llegar con un hardware antiguo.

La sorpresa de la batería

Lo más sorprendente llegó después de instalar LineageOS.

Antes del cambio, la batería duraba apenas unos minutos. Después, la autonomía pasó a superar un día. De hecho, está durando lo mismo que lo que duraba la de mi Oppo.

Es un resultado que me llamó especialmente la atención. No hice mediciones controladas que permitan atribuir toda la mejora exclusivamente al sistema operativo, pero la diferencia en el uso cotidiano ha sido enorme.

Un teléfono que parecía necesitar una batería nueva o estar condenado a permanecer conectado al cargador se convirtió en un dispositivo que puedo utilizar durante toda la jornada y más allá.

Esto demuestra, al menos en mi experiencia, que merece la pena investigar antes de desechar un aparato antiguo. El software, los servicios que se ejecutan en segundo plano y el estado general del dispositivo pueden influir mucho en su comportamiento. Eso sí, si una batería presenta hinchazón, sobrecalentamiento u otros signos de deterioro físico, hay que sustituirla de forma segura. Pero bueno, no ha sido el caso.

Un Android sin Google

Una de mis decisiones fue no instalar los servicios ni las aplicaciones de Google.

Existía la posibilidad de recurrir a Open GApps, concretamente al paquete open_gapps-arm-7.1-pico-20220215, desde https://opengapps.org/ pero preferí comprobar qué podía hacer sin ellos. Probablemente habría conseguido instalar y ejecutar más aplicaciones, aunque a costa de consumir recursos y espacio de almacenamiento adicionales.

Probé la implementación libre de los servicios de Google, los microg, aunque no supe utilizarla o simplemente no me sirvieron para que funcionara la aplicación Yuka, así que deinstale ambas.

A estas alturas mi intención ya no era reproducir exactamente la experiencia de un teléfono moderno, sino recuperar las funciones que realmente necesito.

Instalé WhatsApp, Telegram y Nextcloud. Esta última aplicación tiene un valor especial para mí: dispongo de mi propia nube en casa, accesible a través de Internet, desde la que puedo consultar mis archivos esté donde esté. Hace años que no necesito depender de Dropbox, Google Drive ni de otros servicios comerciales para acceder a mis documentos.

También probé varias aplicaciones de radio. La única que conseguí instalar y que funcionó correctamente, sin anuncios, fue Radi-oh!. Y está muy bien, permite escuchar radios AM, FM y web de todo el mundo, filtrando por país.

Para el calendario, Lineage trae uno incorporado, incluso más sencillo de usar que la de Google Calendar.

Como tiendas de aplicaciones utilicé Aurora Store, Aptoide y F-Droid, tres alternativas libres y anónimas a la Google Play: no necesito utilizar una cuenta de google para acceder. Puede parecer excesivo recurrir a tres tiendas, pero la experiencia fue bastante práctica: algunas aplicaciones que no conseguía instalar desde una de ellas sí estaban disponibles o funcionaban desde otra.

El sistema también incluía Via, un navegador web ligero que me permitió visitar páginas actuales. Además, descubrí ZArchiver, un gestor de archivos que me sorprendió por sus posibilidades.

Y todo esto sin tarjeta microSD. Trabajé únicamente con el almacenamiento interno del teléfono.

Lo que no funciona (y lo que no necesito)

No todo fue perfecto.

No conseguí hacer funcionar Wallapop ni la aplicación del sistema público de salud de Galicia, SERGAS. Vale decir que de todos modos puedo acceder a la versión web de estas aplicaciones, desde el ordenador, por lo que no me preocupa tanto.Tampoco logré que funcionara correctamente el GPS: probé varias aplicaciones, incluida la de Google, pero ninguna conseguía encontrar mi ubicación. Esto sí es una pena. Aplicaciones bancarias, ni lo intenté.

La verdad es que tampoco necesito redes sociales en el móvil y ni me interesa utilizar YouTube en una pantalla tan pequeña, para todo eso mejor el ordenador; además presumo que el consumo de disco y recursos sería excesivo o, tal vez, sean tan incompatibles como las otras que mencioné.

Así las cosas, mi reflexión es: que un teléfono no pueda ejecutar todas las aplicaciones del mercado no significa que haya dejado de ser útil.

Si puedo comunicarme, consultar mis archivos, escuchar música, navegar por Internet y organizar mi agenda, ya tengo cubiertas buena parte de mis necesidades cotidianas. ¡Mucho más de lo que esperaba para un móvil del año 2016!

Volver a escuchar música, no simplemente reproducir canciones

De todas las cosas que recuperé, hay una que me hizo especial ilusión: escuchar música como lo hacía antes de que los servicios de streaming se convirtieran en la opción predominante.

Volví a copiar mi colección de MP3 al teléfono. Con los archivos correctamente etiquetados, el reproductor puede mostrar las portadas de los discos y organizar los álbumes.

Pero lo mejor es algo que puede parecer insignificante hasta que vuelves a experimentarlo: escuchar un álbum completo sin que el reproductor introduzca silencios artificiales entre canciones que deben enlazarse.

Pensemos, por ejemplo, en Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de The Beatles. Hay discos concebidos como una obra continua, con transiciones entre canciones que forman parte de la experiencia musical. Un reproductor que introduce una pausa innecesaria puede romper esa continuidad.

Con mi colección local puedo escuchar los álbumes como fueron concebidos, sin depender de una suscripción, de una conexión a Internet ni de que un servicio comercial mantenga disponible determinado contenido.

Había olvidado cuánto echaba de menos esa forma de escuchar música.

La obsolescencia programada no siempre necesita una pieza rota

Cuando hablamos de obsolescencia programada, solemos pensar en fabricantes que diseñan productos para que fallen después de cierto tiempo. Sin embargo, existe otro problema relacionado: la obsolescencia del software y de los servicios.

Un teléfono puede seguir encendiendo, tener una pantalla funcional, captar señal y ejecutar programas perfectamente razonables para su hardware. Pero, si el sistema deja de recibir actualizaciones, las aplicaciones abandonan la compatibilidad o los servicios dejan de funcionar, el usuario empieza a percibirlo como un dispositivo inútil.

No toda incompatibilidad es intencionada ni toda limitación tecnológica responde a una estrategia deliberada de obsolescencia. El hardware envejece, las aplicaciones evolucionan y las exigencias de seguridad son reales. Aun así, el resultado práctico puede ser el mismo: un aparato que todavía podría servir termina guardado en un cajón o en la basura.

La posibilidad de instalar un sistema operativo alternativo rompe parcialmente esa dinámica. Permite prolongar la vida de determinados dispositivos, recuperar funciones y reducir la necesidad de sustituirlos antes de tiempo.

En este caso, LineageOS me permitió recuperar un teléfono que había quedado limitado por su software original. No lo convirtió en un móvil moderno ni solucionó todos sus problemas, pero sí hizo posible que volviera a utilizarlo.

Hay una cuestión importante: reutilizar no significa ignorar la seguridad. LineageOS 14.1 está basado en una versión antigua en Android 7.1, una versión bastante antigua ya, y no debe considerarse una solución segura para todas las actividades actuales. Para utilizar aplicaciones sensibles, especialmente las bancarias, conviene comprobar que el sistema recibe las actualizaciones de seguridad necesarias. En este experimento, mi objetivo era recuperar funciones cotidianas y explorar los límites del dispositivo, no convertirlo en un teléfono apto para cualquier uso. Aunque, lo más probable, es que ni siquiera puedas instalar aplicaciones que no son compatibles con el sistema, como el caso de las que sí llegué a probar. Mientras Telegram y Whatsapp siga siendo compatible con Android versión 6.0 en adelante, no veo el peligro.

Menos consumo, más autonomía

Dar una segunda vida a un dispositivo también tiene consecuencias ambientales.

Fabricar un teléfono nuevo requiere materias primas, energía, procesos industriales, transporte y embalajes. Alargar la vida útil de los aparatos que ya tenemos puede reducir la necesidad de producir otros y retrasar la generación de residuos electrónicos.

No significa que cualquier dispositivo antiguo deba conservarse indefinidamente ni que siempre sea mejor reparar que sustituir. Hay situaciones en las que el consumo energético, la seguridad, la disponibilidad de repuestos o las necesidades del usuario justifican un cambio.

Pero antes de comprar un teléfono nuevo, merece la pena hacerse algunas preguntas:

  • ¿Está realmente roto o simplemente ha dejado de recibir actualizaciones?
  • ¿Puedo instalar un sistema operativo alternativo?
  • ¿Puedo seguir utilizando las aplicaciones que necesito?
  • ¿Me basta con las funciones que ofrece, aunque no pueda instalarlo todo?
  • ¿Es posible repararlo o sustituir su batería de forma segura?

En ocasiones, la respuesta puede ser más sencilla de lo que imaginamos.

Lo viejo funciona (bueno, a veces, y bastante bien)

Aquel Samsung estaba olvidado en un cajón y parecía haber llegado al final de su vida útil. Ahora vuelve a servirme para comunicarme, consultar mis archivos, organizar mi agenda y escuchar música.

La batería, que antes apenas duraba unos minutos, ahora supera un día de autonomía. El GPS sigue sin funcionar correctamente y algunas aplicaciones no son compatibles, pero esas limitaciones no anulan todo lo que sí puedo hacer con él.

No pretendo afirmar que instalar LineageOS sea la solución para todos los teléfonos antiguos, tampoco es un proceso sencillo para el usuario promedio y cada modelo tiene sus particularidades y hay que valorar la compatibilidad, la seguridad y el estado del hardware. Hace unos años lo intenté con un Motorola (no recuerdo ahora el modelo) y luego me fue imposible conectar por datos. En este caso, tuve bastante suerte: tanto datos como Wifi funcionaron a la perfección.

Lo que defiendo es que no deberíamos aceptar tan fácilmente que un dispositivo deje de ser útil solo porque su fabricante o las aplicaciones que utilizamos hayan dejado de darle soporte.

La tecnología también puede consistir en reparar, reutilizar, instalar software libre y aprovechar lo que ya tenemos. No siempre necesitamos comprar más para hacer más.

A veces basta con rescatar un teléfono de un cajón, investigar un poco y devolverle una oportunidad.

¿Realmente compras tiempo?

Uno de los principales argumentos a la hora de comprar un aparato nuevo es que «estás pagando por tiempo tiempo que de otra manera perderías». Porque, claro, poner a punto este Samsung me llevó un domingo entero. Pero… sólo un domingo, en el que aprendí muchas cosas y me divertí bastante. ¿realmente «perdí» tiempo? ¿Cuánto tiempo diario me consumía el scroll en Instagram en el móvil y cuanto ganaré ahora que sólo podré utilizar mis redes desde el ordenador? Presumo que pasaré días sin revisar mis redes. ¿Estaré incomunicado? Entiendo que no, teniendo Whatsapp y Telegram. ¿Estaré desinformado? El móvil aún me sirve para leer periódicos y escuchar radios de todo el mundo.

Ahora el tiempo que usaba para consumir «contenido» lo puedo invertir en el placer de escuchar un buen disco de principio a fin.

¡Un momento! ¿Qué tal funciona la cámara?

La verdad no creo que hayan evolucionado demasiado las cosas en los móviles de gama baja desde aquel entonces: al desarmar mi Oppo descubrí que dos de las tres cámaras traseras que traía… eran de utilería, es decír, sólo traía una. En cuanto a la del Samsung recuperado… me gustaría compartir un video completo que filmé con él en 2017 (y luego editamos con el ordenador), cuando estudiaba cine animado en IDAC:

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